Esta fruta dulce, de piel lisa, firme y brillante es deliciosa solita, pero también como ingrediente de las mejores recetas.
A la hora de escoger una manzana, busca aquellas que estén más firmes y con la piel más lisa. Evita las que estén golpeadas o las que tengan la piel dañada. El aroma de una buena manzana es dulce y afrutado. Sin embargo, no juzgues a una manzana sólo por su apariencia. A veces, aunque su color no sea homogéneo, las manzanas pueden resultar deliciosas y muy dulces.
Hay utensilios de cocina muy prácticos para trabajar con las manzanas. Los imprescindibles son el pelador de papas y el descorazonador. Es preferible que peles las manzanas con el pelador pues con el cuchillo se elimina demasiada pulpa. Toma la manzana en tu mano izquierda, elimina el tallo y pasa el pelador de papas mientras das la vuelta a la manzana, de manera de lograr el espiral al llegar a la base. Verás que esta técnica te resulta muy sencilla cuando la hayas practicado. Elimina el corazón con el descorazonador de manzanas.
Antes de rebanar las manzanas, deberás pelarlas, eliminar el corazón para luego cortarlas en forma de barquitos. Para evitar que se pongan oscuras al entrar en contacto con el aire, báñalas con el jugo de un limón o de una naranja.
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Para saber si una manzana está lista para comer, deberás utilizar tus sentidos. Verás que una manzana madura tiene un aroma mucho más intenso, dulce y delicioso. También su color se acentúa y la piel se torna más suave al tacto. Cuando veas que las manzanas ya están maduras, guárdalas en la nevera para que no se pasen. Si no te las comes a tiempo, prepara con ellas una deliciosa tartaleta.
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